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Unfinished Independence: We Expelled the Colonizer but Preserved the Colonial Order
Resumen
Cuestiona el patriotismo dogmático y las jerarquías coloniales persistentes en las formas de construir identidad nacional.
Summary
Questions dogmatic patriotism and persistent colonial hierarchies in the construction of national identity.
En virtud de la conmemoración del 20 de julio, resulta pertinente preguntarnos no solo por el significado histórico de la independencia, sino también por las formas en que el patriotismo ha sido construido, reproducido y utilizado como dispositivo de cohesión, exclusión y legitimación política.
El patriotismo no es problemático cuando expresa afecto por el territorio, compromiso con lo común o responsabilidad frente a la sociedad. Se torna peligroso cuando adquiere la estructura de un dogma: cuando se presenta como una verdad incuestionable, sacraliza los símbolos nacionales, idealiza la historia y convierte la crítica en una forma de traición. Al igual que ocurre con el dogmatismo religioso, esta modalidad de patriotismo reclama adhesión, obediencia y uniformidad, mientras deslegitima la duda y sanciona a quienes se apartan del relato dominante.
Desde esta perspectiva, la nación deja de comprenderse como una construcción histórica, plural y conflictiva, y comienza a representarse como una comunidad homogénea, moralmente superior y culturalmente incontaminada. Esta ficción alimenta la xenofobia, pues convierte al extranjero, al migrante o al diferente en amenaza; pero también fortalece jerarquías internas que establecen quiénes encarnan la identidad nacional legítima y quiénes permanecen en sus márgenes.
No puede desconocerse que muchos proyectos nacionales latinoamericanos estuvieron atravesados por procesos de blanqueamiento social, cultural e institucional. Bajo la promesa de civilización y progreso, se privilegió una imagen mestiza cercana al ideal europeo, mientras se subordinaban, folklorizaban o invisibilizaban las experiencias indígenas, afrodescendientes, campesinas y populares. Así, la nación fue imaginada desde una aparente unidad que, en realidad, ocultaba profundas desigualdades raciales, territoriales y culturales.
Por ello, conmemorar la independencia no debería consistir únicamente en repetir símbolos, fechas y relatos heroicos. También exige interrogar las exclusiones sobre las cuales se edificó la República, reconocer las voces silenciadas y cuestionar aquellas formas de superioridad moral que todavía pretenden definir quién merece pertenecer plenamente a la nación.
La emancipación de la colonia no implica solamente la expulsión del colono o la ruptura formal con una potencia extranjera. Implica también desmontar las jerarquías, los prejuicios y las formas de dominación que la colonialidad dejó instaladas en nuestras instituciones, imaginarios y relaciones sociales. Supone, en consecuencia, construir una nueva nación: una nación en la que quepan todos, sin que nadie tenga que blanquearse, ocultar su origen, renunciar a su cultura o demostrar que merece pertenecer.
Archivo académico personal. Las opiniones expresadas en los análisis pertenecen a su autor y no representan posiciones institucionales.